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 *~*~*LO QUE LA VERDAD OCULTA*~*~* (D&H)

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Hermione79
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Mensajes : 13
Fecha de inscripción : 15/01/2009
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MensajeTema: *~*~*LO QUE LA VERDAD OCULTA*~*~* (D&H)   Jue Ene 15, 2009 10:25 pm

CAPÍTULO 1: ACOSO INFERNAL


Despertó a las seis de la mañana dispuesta a darse una ducha. Sus ojos permanecían inflamados a causa del llanto que durante gran parte de la noche había protagonizado y el dolor proveniente de sus abultados parpados le había impedido realizar un sueño placentero. Apagó de mala gana el despertador situado en su mesita de noche a la vez que se sentaba en el borde de su mullida y cálida cama. No era capaz de borrar de su perturbada mente los sucesos acaecidos la noche anterior. El simple hecho de rememorarlos ocasionaba un rápido lagrimeo que a duras penas era posible controlar.

Se alzó paulatinamente de su actual asiento, caminó hasta la única ventana situada en una de las paredes color azul cielo de su acogedor cuarto y abrió las finas cortinas que le resguardaban de la luz proveniente del exterior. Durante varios minutos permaneció estática ante la ahora desnuda ventana, dejando que la tenue luz del sol recorriese su blanquecina y adolorida piel. Hacía un día realmente precioso, aunque su estado de ánimo no estaba en absoluto acorde con el bello y alegre paisaje que se alzaba ante sus ojos.

Escrupulosamente, aderezó la deshecha cama y se despojó del camisón blanco que llevaba puesto, dejándolo perfectamente doblado sobre el lecho. Se dirigió a paso apaciguado hacia el pequeño armario situado a un extremo de la estancia y agarró con su trémula mano las prendas más arropadas que logró encontrar para, seguidamente, encaminarse a paso pesado hacia el cuarto de baño que se hallaba junto la habitación y al cual se podía ingresar exclusivamente por la puerta situada en el interior de la pulcra habitación perteneciente a la única hija que la familia poseía.

Abrió el grifo de la ducha tras dejar su indumentaria decorosamente plegada sobre el pequeño aparador ubicado junto al inodoro. Se despojó de la ropa interior y observó cuidadosamente cada uno de los amoratados cardenales que adornaban algunas partes de su suave piel clara. Tras suspirar amargamente, se internó en la ducha y dejó que las gotas de agua caliente apaciguaran levemente el dolor que sentía. Tras más de veinte minutos bajo el chorro, cerró el grifo a la vez que se escurría el agua que permanecía en su pelambrera castaña para, seguidamente, alargar su bañado brazo hacia el perchero en el que se mantenía colgada la toalla con la que poco después rodeó su humedecido cuerpo.

Se dirigió hacia el empañado espejo hallado en el menudo cuarto y recorrió sobre él, para lograr observarse, su delicada mano compuesta por alargados y finos dedos. Se contempló durante varios minutos escrutando a aquella joven de mirada perdida ubicada ante ella. El brillo que siempre había caracterizado sus inocentes y grandes ojos castaños, ahora tristes y carentes de hermosura, había desaparecido. En sus desnudos brazos podía atinarse con claridad la desmesurada cantidad de moratones, causados mediante chupetones y algún que otro azote, que los ornamentaban y, en su aniñada tez, podía discernirse una palidez inusual en aquel rostro habitualmente sonrosado.

Se recostó cansadamente en la pared y dejó que su apesadumbrado cuerpo resbalara por ésta hasta que sus posaderas se asentaron en el frío piso que componía la sala mientras de sus entristecidos ojos emergían varias lágrimas de dolor e impotencia que fue incapaz de retener en sus retinas.

-¡Hermione cariño, el desayuno ya está servido!-gritó una voz femenina proveniente del piso inferior.

La castaña se alzó costosamente del suelo y, tras eliminar con la toalla que le cubría cualquier rastro de agua que todavía pudiese hallarse en su tibia piel, se vistió. Sin embargo, este sencillo acto lo concibió de la manera más lenta posible pues, aunque ese era el día que tanto tiempo había estado esperando, no sentía la fuerza necesaria para hacer frente a todo lo que iba a originarse durante aquel enigmático día. Tras colocarse una falda larga color canela que cobijaba por completo sus largas piernas, una fino jersey marrón de cuello y manga larga que ocultaba cada uno de sus cardenales y unas botas altas del mismo color que el abrigador suéter que se mantenía ceñido a su cuerpo, se recogió el pelo, todavía húmedo, en una cola alta dejando algunos mechones sueltos que adornaban su enfermizo rostro y se maquilló para evitar que su madre viese las marcas que teñían su piel.

Salió perezosamente del cuarto de baño, colocó a Crookshanks en su respectiva jaula y se dirigió hacia la cocina, dónde le esperaban su madre y su actual padrastro.

-¿Qué tal has dormido, amor?-preguntó una atractiva mujer de cabellos ondulados color avellana y grandes ojos castaños que rondaba los cuarenta años en el instante en el que colocaba un gran plato repleto de bollos caseros recién horneados que tenían una pinta deliciosa sobre la mesa.

La castaña miró recelosamente a su padrastro, el cual se ubicaba en una de las sillas dispuestas en la sala. Le contemplaba con una sutil sonrisa esbozada en su bello y seductor rostro y, en un intento por reprimir el llanto que parecía querer darse a conocer, desvió apresuradamente la vista de él para depositarla en su madre.

-No muy bien-respondió sinceramente la acongojada joven sentándose en una de las sillas situadas en frente de aquel hombre que tanto repudiaba.

-Helen, estos bollos están deliciosos-comentó en un tono de voz amable y aparentemente lleno de amor aquel individuo de aspecto arrebatador.

Helen le dedicó una sonrisa a su marido mientras se recogía su brillante y largo pelo rizado en un topo para, seguidamente, besar a aquel hombre que sonreía con aparente dulzura.
Hermione intentó comer algo, pero un gran nudo situado en su garganta impedía que la comida pudiese atravesarla para lograr llegase hasta su estómago vacío.

-Herm, no tienes buena cara-comentó Helen colocando su suave mano sobre de la cálida frente de la castaña.

-Quizá no es una buena idea que se marche hoy-murmuró el atractivo hombre revolviéndose su liso pelo negro sin apartar su penetrante mirada de la atemorizada muchacha mostrando en sus ojos verdes un brillo de deseo que tan sólo la castaña fue capaz de atinar.

-No pienso quedarme aquí-aseguró rápidamente la joven.

-Herm, se que te hace mucha ilusión volver al colegio, pero John lo dice por tu bien. Quizá tenga razón. No tienes buena cara-concluyó Helen observando a su hija con gran preocupación.

-Mamá, estoy perfectamente-manifestó Hermione dibujando una falsa sonrisa en su cansado rostro-Simplemente es que no he dormido demasiado bien, nada más.

-No sé si...

-Por favor-rogó la castaña interrumpiendo el diálogo de su madre.

Helen bufó con una sonrisa pintada en su rostro y acarició el sedoso pelo castaño de su hija.

-Está bien-murmuró finalmente logrando que, por primera vez, Hermione sonriese de verdad sin verse obligada a fingir su euforia.

Tras un corto desayuno en el que la castaña a penas abrió la boca e intentó pasar totalmente desapercibida, subió a su cuarto, cogió su maleta y la jaula que contenía a su gato y bajó corriendo las escaleras en dirección al exterior, donde su madre y su padrastro le esperaban en el interior de aquel lujoso coche que el pelo azabache tanto había insistido en comprar.

John salió del coche cuando contempló a la joven castaña, la cual acababa de cerrar la puerta que daba paso a su pequeño adosado, y le ayudó con el equipaje aprovechando la acción que ejerció para coger la pesada maleta de la muchacha para rozar, en un movimiento "accidental", su diestra mano contra la de ella mientras esbozaba una radiante sonrisa. Hermione le miró con miedo e ingresó con rapidez en los asientos traseros del coche mientras agarraba con fuerza la jaula en la que reposaba su preciada mascota, la cual había sido su única compañía en todo el verano ya que, por orden del ministerio, no había podido ir a visitar a sus amigos en todo el tiempo de vacaciones y se había visto obligada a permanecer en su casa, la cual se había vuelto un total infierno.

El viaje duró a penas media hora hasta que llegaron a la estación Kings Cross. Tras aparcar el coche, descargaron el equipaje de la castaña y se dirigieron con paso tranquilo hasta en andén nueve y tres cuartos, pues todavía faltaba un cuarto de hora para la partida del tren. El trayecto se volvió insoportable para la joven, ya que su madre permanecía completamente embobada con John y éste observaba por el rabillo del ojo a Hermione a cada oportunidad que se le brindaba a la vez que le dedicaba sensuales sonrisas que la castaña no correspondía.
Atravesaron la barrera sin ser vistos por ningún muggle y avanzaron entre la multitud de personas que se despedían entre llantos, sonrisas e incluso algún que otro grito.

-Cariño, cuídate mucho-balbuceó Helen abrazando a su preciada hija mientras de sus ojos lograban escapar varias lágrimas a causa de la inmediata partida que la chica emprendería.

-Mamá, no llores-pidió la castaña devolviendo el cariñoso abrazo que su madre le había dedicado.

Helen se separó de su única hija con lentitud y sonrió mientras se limpiaba las lágrimas que adornaban su hermoso rostro.

-Ven a visitarnos en navidad-comentó su madre besando la mejilla de la joven.

Hermione asintió sin parecer demasiado convincente y abrió la jaula que llevaba entre sus brazos dejando a su gato deambular por la estación.

John se acercó a la castaña y besó su mejilla o, mejor dicho, mordisqueó su mejilla sin que Helen se diese cuenta del suceso.

-Te echaré de menos-susurró el hombre logrando que solo le escuchase Hermione.

La enmudecida joven no pudo evitar temblar al sentir el aliento del pelo azabache rozar su cuello en el mismo instante en el que su rostro adquiría una palidez inhumana.

-Cielo, estas muy blanca-murmuró la preocupada mujer.

-No te preocupes Hel, seguro que no es nada-comentó resueltamente John a la vez que le dedicaba una mirada cómplice a la castaña mientras ésta desviaba su mirada para evitar que sus ojos color café chocasen nuevamente contra los ojos verdes de aquel odioso hombre.

El silbido del tren avisó a los presentes de su partida y la castaña, tras despedirse de su madre, subió corriendo al tren cargando con su baúl mientras llamaba a su gato, que persiguió a su ama montándose, al igual que ella, en el rojizo tren que les llevaría un año más a Hogwarts.
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MensajeTema: Re: *~*~*LO QUE LA VERDAD OCULTA*~*~* (D&H)   Mar Ene 20, 2009 8:39 pm

lol! esta muy buena la historia, pobre herm menos mal ya se va y no tiene que ver a ese infeliz,
sigue pronto
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Hermione79
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MensajeTema: Re: *~*~*LO QUE LA VERDAD OCULTA*~*~* (D&H)   Mar Ene 20, 2009 10:57 pm

CAPÍTULO 2: REVIVIENDO DOLOROSAS EXPERIENCIAS


Cuando el tren arrancó, se vio obligada, por el fuerte impulso que recibió, a apoyarse en una de las chicas que transitaba en ese instante por su lado para evitar caer de bruces.

-Lo siento-murmuró una sofocada Hermione a la vez que apartaba su aferrada mano del hombro de la joven muchacha que le contemplaba con una radiante sonrisa dibujada en su atractivo rostro.

Sin previo aviso, la desconocida chica se lanzó sobre la castaña provocando que las dos cayesen violentamente al suelo y, sin poder reprimirlo, Hermione gimió de dolor cuando su entumecido y quejoso cuerpo golpeó duramente el férreo suelo.

-¡Hermione, tenía muchas ganas de verte!-gritó eufóricamente mostrando una amplia sonrisa la muchacha que la castaña todavía no había logrado reconocer-¿Cómo has pasado el verano?

La joven de cabello color chocolate y ojos marrones se apartó en un grácil movimiento de encima de Hermione y le tendió la mano para que ésta se pusiese finalmente en pie.

-Perdona pero....¿Nos conocemos?-preguntó la castaña alzando una ceja mientras observaba confusamente a la morena que se hallaba ante ella.

En ese momento, la puerta de uno de los compartimentos se abrió estruendosamente y, de él, salieron dos chicos que Hermione reconoció al instante.

-¡Hermione!-llamó un muchacho de cabello pelirrojo, ojos azul cielo y tez pecosa a la vez que se aproximaba con paso acelerado hacia la, todavía, adolorida castaña.

El joven abrazó a la chica notando, sin necesidad de hacer un esfuerzo sobrehumano para poder advertirlo, la extrema rigidez que ésta mostraba, aunque en aquel instante no le dio la importancia merecida a aquel transcendental asunto.

-Ron, os he echado muchísimo de menos-alegó Hermione sin poder evitar que sus grandes ojos castaños se tornasen vidriosos mientras aferraba con fuerza con sus temblorosos brazos el robusto cuerpo de su amigo.

-Ejem, Ejem-carraspeó una voz logrando que Ron y Hermione se separasen.

La castaña sonrió al atinar tras el pelirrojo a su otro mejor amigo y corrió aceleradamente hacia el pelo azabache, que le recibió con los brazos abiertos.

-¿Que tal las vacaciones, Herm?-quiso saber Harry cuando finalmente se despegaron del cálido abrazo que habían mantenido.

-Bi-bien...-mintió en un sutil murmullo la atolondrada joven notando como se le hacía de nuevo un nudo en su quebradiza garganta.

-¡¿Sabes qué, Herm?!-gritó la chica morena situada a su lado mostrándose sonriente-¡Harry y yo hemos vuelto!-anunció sin poder reprimir en ningún instante la felicidad que le embriagaba.

La castaña miró con incredulidad a Harry y, seguidamente, a la chica que aferraba en ese momento el firme brazo del ojiverde.

-¿Ginny?-inquirió completamente confusa-¿Qué te has hecho al pelo? Bueno...Y en tu cuerpo…-mustió realmente sorprendida por el cambio de look que su amiga había experimentado.

-¿Te gusta?-preguntó la antaño pelirroja tocándose el pelo mientras Harry le contemplaba completamente embobado-Decidí cambiarme el color de pelo porque me gustaba mucho vestir de rosa y de turquesa y claro, con el pelo pelirrojo ese color de ropa no me quedaba bien. Además, este verano he estado haciendo ejercicio todos los días porque el año pasado engordé muchísimo-expresó satisfecha de ella misma.

Hermione permaneció completamente paralizada observando a su mejor amiga

¿Cómo Ginny había podido mejorar tanto y ella empeorar cada día con más rapidez?

-Te veo apagada, Herm-comentó Ron cogiendo el baúl de la castaña-¿Te ha pasado algo?-inquirió en tono preocupado.

La castaña negó con la cabeza mientras fingía una sonrisa e ingresó con rapidez en el interior del compartimiento evadiendo a sus tres amigos, que le siguieron segundos después.

Durante todo el viaje no ocurrió nada de gran interés. Ron se infló a base de grageas de sabores y de ranas de chocolate mientras Harry y Ginny permanecían completamente acaramelados.

-Hermione, ¿Por qué vas tan tapada?-comentó al cabo de una hora de viaje Ginny mientras observaba el atuendo que su amiga llevaba puesto.

El corazón de la castaña se aceleró considerablemente ante la pregunta de su analizadora amiga y sonrió nerviosamente mientras los tres chicos le miraban expectantes.

-Es que...estoy un poco resfriada y mi madre me ha obligado a taparme-mintió la castaña logrando que cada cual volviese a lo suyo.

Tras casi cuatro interminables horas de viaje, la ahora morena se separó por primera vez de su novio y abrió su baúl para sacar de él el uniforme escolar perteneciente a su respectiva casa.

-¿Qué haces?-preguntó Hermione logrando escapar finalmente del profundo trance en el que había permanecido sumida.

-Quedan a penas diez minutos para llegar a Hogwarts-aseguró la morena-¿No crees que va siendo hora de que nos cambiemos?-inquirió quitándose desvergonzadamente ante los presentes el provocador vestido que llevaba puesto para colocarse encima la corta falda del uniforme.

Harry miró con lujuria a su novia mientras el pelirrojo le observaba con aparente enfado.

-¿Por qué te cambias aquí?-inquirió con molestia un protector Ron mirando a su hermana pequeña con los labios fruncidos.

-¿Dónde quieres que me cambie, Ron?-protestó la morena-Además, Harry y tú ya me habéis visto miles de veces en ropa interior.

Ron contempló a Harry con incredulidad mientras mantenía su boca completamente abierta y el pelo azabache, completamente rojo, intentaba evadir su fulminante mirada.

Chicos, voy a cambiarme-anunció una nerviosa Hermione agarrando su ropa de su correspondiente baúl.

-Cámbiate aquí Herm. Nadie te va a morder-comentó Ginny mientras se ponía la camisa blanca con el escudo de Gryffindor grabado en el bolsillo situado sobre su pecho izquierdo.

Hermione enrojeció considerablemente al igual que Ron.

-Prefiero cambiarme en otro compartimento-aseguró en un leve farfullo abriendo la puerta-Por cierto...¿Habéis visto a Crookshanks?-preguntó cayendo en la cuenta de que hacía demasiado rato que no avistaba a su mascota.

Todos negaron con la cabeza.

-Que raro...-comentó finalmente la castaña saliendo del compartimento con la ropa del uniforme en sus brazos.

El largo pasillo del tren permanecía completamente silencioso y no se veía ni a una sola persona deambular por él. Caminó hasta llegar al último de los vagones que componían el tren, dónde encontró un compartimento completamente vacío. Entró y dejó su ropa cuidadosamente encima de los largos y mullidos asientos que se encontraban a cada lado del pequeño cuarto. Cuando se quitó la larga falda, se percató de la gran cantidad de cardenales que cubrían sus largas piernas y maldijo al diseñador del uniforme escolar por haber creado faldas tan cortas para las chicas.

Se puso unas medias carne en un intento por intentar ocultar, aunque fuese levemente, los moratones incrustados en su piel y, seguidamente, se colocó la falda, la camisa y la corbata pertenecientes a los colores de su casa.

En el instante en que iba a colocarse sobre sus hombros la capa, escuchó unos ronroneos provenientes del pasillo.

-¿Crookshanks?-preguntó mientras abría la puerta del compartimento y salía al pasillo, dónde para su desgracia encontró a un apuesto rubio, el cual se hallaba recostado en la pared del corredor mientras un gato color canela se frotaba entre sus piernas.

-¡¿Qué haces con mi gato?!-inquirió en un chillido.

-Así que esta cosa es tuya...-murmuró desdeñosamente el rubio contemplando a la bola peluda ubicada a sus pies.

Draco se acuclilló y cogió por el pescuezo al gato, que no se quejó en ningún momento.

-¡Malfoy, suelta a Crookshanks!-ordenó Hermione corriendo hacia donde se encontraba el rubio, que mantenía una diabólica sonrisa en su seductor rostro.

-No me apetece-contestó Draco cómo si se tratase de un niño malcriado.

-¡He dicho que lo sueltes!-mandó la castaña mientras intentaba coger a su gato, aunque Draco esquivaba a la chica con facilidad.

-Y yo te he dicho que no quiero. No obedezco ordenes de asquerosas sangres sucias como tú-comentó malévolamente el chico sin borrar la media sonrisa que mantenía aferrada a su terso rostro.

Hermione se quedó completamente paralizada por el comentario del chico mientras éste sonreía triunfante para, en un acto poco previsible, lanzar a aquella bola peluda color canela hacia una sorprendida castaña, que logró cogerlo sin hacerle daño.

-¡¡Malfoy, eres un bruto!!-le reprendió acariciando mimosamente a su preciado gato-¡¡Hubieses podido hacerle daño!!

Draco miró con indiferencia a la castaña y rió malévolamente.

-Lástima que hayas podido cogerlo...-comentó colocando sus manos tras su nuca en un gesto chulesco.

-Estúpido mimado-susurró Hermione abriendo la puerta del compartimento en el que se hallaba todavía su capa, la cual permanecía tirada en el suelo.

-Por cierto...-murmuró el chico haciendo que la castaña se volviese de mala gana cara a él.

-¿Que coño quieres, Malfoy?-preguntó Hermione de malos modos contemplando al molesto rubio con fastidio.

-Ese vocabulario, Granger-increpó el chico acercándose a ella lentamente con una media sonrisa pintada en su atractivo y embellecido rostro.

A cada paso que el rubio ejecutaba, el corazón de Hermione aceleraba. Le incomodaba el hecho de que el chico se encontrase a penas a un metro de ella y no podía evitar sentirse desprotegida, pues nadie más, a parte de ellos dos y Crookshanks, se hallaban en esa parte del tren.

-Aléjate, Malfoy-ordenó inquietantemente la joven castaña contemplando al chico con seriedad.

Pero Draco, haciendo caso omiso al comentario de la muchacha, siguió aproximándose hasta arrinconar a la chica contra la pared del pasillo dejando tan sólo entre sus pegados cuerpos un espacio de unos veinte centímetros. La joven empezó a temblar y sus ojos se tornaron cristalinos, pues esa situación le recordaba a una muy parecida que hacía poco había vivido.

-Por favor, apártate-rogó Hermione en un quebradizo susurro a la vez que cerraba sus asustadizos ojos a la vez que se aferraba a su gato, el cual permanecía cómodamente en su regazo.

Draco observó a la chica de arriba a abajo mientras ésta palpitaba y, por primera vez, se dio cuenta de los cardenales que cubrían algunas partes de las largas piernas de la castaña.

Hermione creyó que el rubio le insultarían en cualquier instante o incluso creyó que le golpearía, aunque no fue así.

-Más vale que no vuelva a encontrarme a tu amiguito-comentó en un tenue murmullo arrastrando las palabras lentamente para que Hermione las asimilara-Porque si vuelve a molestarme esa asquerosa bola peluda, ya podrás ir comprándote otra mascota, ¿Entendido?

La castaña entreabrió los ojos y observó al rubio con temor. Lentamente, y manteniendo constantemente el contacto entre sus ojos, Draco se separó de Hermione.

El silbido del tren avisó a todos los pasajeros de que por fin estaban llegando a su destino y el rubio, con una prepotente sonrisa esbozada en su tez, apartó la mirada de la castaña y emprendió elegantemente el camino de regreso mientras su capa ondeaba a cada paso que ejercía hasta finalmente desaparecer por el largo corredor ante la mirada de Hermione, la cual recobró segundos después la compostura.

Entró en el compartimento, soltó a Crookshanks, se colocó su larga capa negra logrando taparse sus amoratadas piernas y corrió seguida por su fiel mascota hasta donde se encontraban sus tres amigos, que ya permanecían cambiados.

-¿Dónde estabas, Herm?-preguntó Ginny poniéndose en pie a la llegada de su amiga.

-Estaba...-murmuró sin saber exactamente qué responder.

En ese instante su gato frotó sus piernas y ronroneó con fuerza logrando que los presentes se percatasen de su presencia.

-Estaba buscando a Crookshanks-respondió finalmente agarrando al felino y colocándolo reiteradamente entre sus protectores brazos.

-Bueno...¡Por fin en Howgarts!-comentó un entusiasmado Ron cuando el imponente castillo se alzó ante ellos.

-Va siendo hora de ir bajando. Ya no queda casi nadie en el tren-declaró la morena abriendo el compartimento y observando el pasillo por el cual a penas deambulaban dos jóvenes.

Hermione dejó a Crookshanks en el interior de su jaula y, despidiéndose de él, siguió a sus tres amigos hasta el exterior, dónde el tibio aire rozó agradablemente su piel.

-Por fin en casa...-murmuró Harry observando el castillo y sus alrededores.

-Si...por fin-susurró Hermione para sí misma mientras caminaban en dirección a los carruajes que les llevarían de nuevo hasta su hogar.
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MensajeTema: Re: *~*~*LO QUE LA VERDAD OCULTA*~*~* (D&H)   Miér Ene 21, 2009 1:01 am

Hola jana1114!!!

Primero quería darte la bienvenida al foro. Me alegro de que te hayas suscrito y de que publiques aquí tus fics. Espero que sigas aquí por mucho tiempo y que no te deprimas si ves que no recibes muchos post en tus fics, por lo que puedes ver se trata de un foro nuevo y que todavía tiene muy pocos usuarios, aunque espero que dentro de poco empiece a tener más éxito entre los fans de Harry Potter.

Respecto al fic, espero que te guste el capítulo que he publicado, te lo dedico a ti (Mi única lectora por el momento, jeje). Ojalá sigas leyendo la historia, espero que te guste y que dejes más posts criticando para bien o para mal el fic!! Muchos besos!
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