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 Lágrimas de Serpiente [DMxHG][Post-Hogwarts][Angst-Romance]

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Leara

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Mensajes : 3
Fecha de inscripción : 16/01/2009
Edad : 30
Localización : Junto a Ryddle en una oscura Mazmorra

MensajeTema: Lágrimas de Serpiente [DMxHG][Post-Hogwarts][Angst-Romance]   Vie Ene 16, 2009 6:38 pm

Nota de la autora:Quiero agradecer sobre todo a mi Beta, Ro Malfoy por ayudarme a mejorar esta historia. Esta historia la estoy publicando en mi cuenta de ff.net, Learilla, donde posiblemente vaya más adelantada.

Lágrimas de Serpiente en ff.net

Disclaimer: Nada de esto es mío, sino de JK Rowling, no saco ningún beneficio de ello. Más quisiera.

Rated: T, por ahora. Posiblemente en el futuro contenga sexo. Por ahora no.

Summary: Lo que menos imaginó Hermione cuando empezó la guerra, es que acabaría presa del peor mortífago del Señor Tenebroso. Draco Malfoy es peligroso, un asesino, pero sobre todo está obsesionado con cierta gryffindor que jugó al peligroso juego de la seducción.

LÁGRIMAS DE SERPIENTE

I: Reencuentro


Jugaremos a un juego al que no creo que estés preparada para ello. Te obligaré a apostarlo todo y te asegurarás de no perder. Danzarás al son del peligro y la mentira, y dejarás de ser la niña que fuiste para renacer como una mujer completamente desconocida. Experimentaré contigo y me divertiré.

¿Quieres ganar?

Solo asegúrate de no perder.

¿Retirarte?

Imposible. Nos jugamos demasiado contigo.

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Estúpida, era una de las pocas palabras que jamás habían aparecido en la larga cola de apelativos que en un momento u otro habían sido dedicados sin mucho cariño a Hermione Granger, la sabelotodo de Hogwarts, la rata de biblioteca amiga del insufrible niño que vivió, la sangresucia de Gryffindor.

Sí, por raro que parezca, estúpida jamás había sido usado para calificarla.

Por eso, porque precisamente no lo era, sabía que la falta de lágrimas en un momento como aquél no significaba que había quedado insensibilizada al horror y al dolor. No, simplemente se debía a que habían sido precisamente ese Horror y ese Dolor, los que las habían secado por completo a lo largo de los años, privándola de un desahogo físico y reparador.

Allí tirada, tiene los músculos tan agarrotados y le duele tanto el cuerpo que es incapaz de sentirlo. Anestesiada por la falta de comida, la sed de días y la falta de contacto humano, no puede más que sonreír siniestramente por la terrible conclusión a la que su mente irracional acababa de llegar. No es que el plan se torciera a mitad de ejecución, ni que todo lo que había hecho en estos años hubiera sido un suicidio lento y premeditado, mucho menos que la hubieran descubierto en mitad de aquella mentira sutil y sucia en la que había convertido su vida. No. La causa era que simple y llanamente que ella, Hermione Jane Granger, era completa y rematadamente estúpida por haberse dejado arrastrar a esa situación, por haber albergado una mínima esperanza de que el plan saldría bien, por prometerse tener fe en la supremacía de una débil luz frente a las insaciables tinieblas…

Derrotada, humillada y dentro de poco también vejada, se maldijo a sí misma por esa propensión inútil que su diminuto cerebro y su enorme orgullo indiscriminado le hacían tener para hacer lo correcto. Años de odio y preparación, sacrificios demasiado grandes que jamás deberían haberse realizado, sábanas de satén esmeraldas que aún puede oler y sentir recorriendo y acariciando su piel… Todo inútil, reducido al frío del metal aprisionando sus magulladas muñecas y tobillos, y a aquella soledad húmeda de unas mazmorras vacías de esperanzas y llenas de derrota.

-Hermione…-el susurro es demasiado débil, pero por suerte el oído es uno de los pocos sentidos que aún no han abandonado a la gryffindor.

-¿Neville? –responde casi sin voz.

-¡Por Merlín, Hermione! ¿Cuánto llevamos aquí?

No lo ve, pero la muchacha puede adivinar las amargas lágrimas que acompañan a sus palabras. ¿Que cuánto llevan allí? Perdió la cuenta hace varios días cuando la tortura tomó la apariencia de cubos de agua hirviendo e inconsciencia. Si tuviera que regirse por su instinto admitiría sin reparo alguno que llevaban allí más de dos siglos, pero la razón le gritaba que no más de un mes, de eso estaba bien segura. Su compañero intenta sin éxito reprimir sus sollozos, Hermione lo intuye por las convulsiones que adivina en el bulto oscuro que debe ser su cuerpo, aunque en el ensordecedor silencio de aquella mazmorra cualquier susurro es un grito.

-Todo acabará pronto, Neville, no te preocupes –la gryffindor intenta consolarlo, infundirle algo del valor que olvidó hace ya demasiado tiempo, pero cuando las palabras suenan vacías incluso para su dueña, qué no sonarán para la pobre alma derrotada de un niño indefenso.

-¿Por qué no vienen a por nosotros? ¿Por qué no nos matan de una maldita vez?

-No… –la joven duda. ¿Una esperaza fingida o una derrota evidente? -Yo… no lo sé, Neville. No lo sé.

Nadie vuelve a decir una sola palabra más. Hermione vuelve a sumergirse en su coraza de silencio y ausencia donde se obliga a no pensar ni a sentir. No cierra los ojos para evitar recrear una y otra vez la muerte de sus amigos más queridos y comienza su obligado ritual de contar las baldosas de las paredes en las mazmorras de Malfoy Manor.

Uno, dos, tres…

El cuerpo inerte de Harry cayendo al vacío.

Cuatro, cinco, seis…

El haz de luz verde impactando en la diminuta espalda de Luna apagando sus ojos para siempre.

Siete, ocho, nueve…

La emboscada que hizo caer a la última resistencia de La Orden del Fénix.

Diez, once, doce…

El último aliento de Ron susurrándole cuánto la quería.

-Ron… -no puede más. El dolor es demasiado intenso para soportarlo y rompe a llorar.

¿Cómo demonios había llegado a esa situación? ¿Cómo permitió siquiera el abandono a sus amigos por un plan que le prometieron ser la última esperanza? ¿De qué le han servido tantos años de preparación? ¿Tantos hechizos aprendidos? ¿Tanta preparación por si llegaba lo peor? ¿Tanta…?

-¿Hermione? –vuelve a susurrar su compañero, esta vez con algo más de entereza.

-¿Si, Neville?

-¿Quién te capturó? ¿Cómo has acabado aquí?

La muchacha sonríe amargamente al recordar cierta tarde de su séptimo año en Hogwarts. Cosa que aunque parezca mentira, solo fue tres años atrás.

-McGonagall y el estúpido retrato de Dumbledore fueron los que me metieron aquí –escupe. –Dumbledore y su horrible manía de jugar a ser Dios, incluso después de muerto.

Las lágrimas siguen recorriendo sus mejillas, silenciosas y ejecutoras. Ya no hay pena por lo perdido, ni sufrimiento por lo ocurrido, sino rabia y odio por lo no alcanzado, por el fracaso de una estrategia inútil y sin posibilidad de éxito desde el principio. ¿Cómo pudieron pensar que ella, con su pelo de escoba, su incapacidad para el romanticismo o su falta de encanto era la adecuada para aquella tarea? Hermione no se apuntó a La Orden para jugar a ser la agente doble de nadie. Al oír el plan para ella se negó, recuerda que lo hizo, pero ha olvidado el momento en el que la convencieron y aceptó.

-¿Hermione?

El ruido pesado de la puerta al abrirse suprime cualquier réplica que la castaña tuviera intención de hacer. Un par de botas se adentran en las mazmorras, anunciando con ferocidad los propósitos de su visita. Los dos gryffindors se encogen aún más en sus rincones, deseando con todas sus fuerzas y la inexistente fe que les queda volverse invisibles y desaparecer.

-Coged a la mujer y llevadla arriba, el señor quiere verla –fue la única orden del intruso.
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Leara

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MensajeTema: Re: Lágrimas de Serpiente [DMxHG][Post-Hogwarts][Angst-Romance]   Vie Ene 16, 2009 6:38 pm

Antes de que Hermione pudiera darse cuenta, un par de manos escuálidas la agarraron de los brazos. Confundida, vio con horror cómo dos de los elfos domésticos de los Malfoy deshacían mágicamente los grilletes de sus muñecas y tobillos y la alzaban sobre sus propias piernas para conducirla fuera de la mazmorra. Al salir, no escuchó los gritos de Neville, ni de sus compañeros de la resistencia, demasiado asustada por el lugar y la persona a la que le estaban conduciendo. Trastabilló un par de veces por los pasillos de aquel horrible lugar, pero en seguida esos brazos huesudos volvieron a enderezarla. Cuando traspasó la frontera del sótano y pisó la moqueta escarlata del primer piso intentó resistirse, los tapices de las paredes y el aire viciado de muerte y destrucción alentaron de una forma casi instantánea su instinto de supervivencia.

-¡No! –gritó antes de que uno de los elfos la silenciara con su magia.

La casa de los Malfoy era grande y fría, eso no era nada que ella ya no supiera de antemano, pero a medida que avanzaba escaleras arriba y recibía las miradas de repulsión y hastío de decenas de ojos al óleo desde las paredes, se fue haciendo una idea del alma oscura y peligrosa de aquella imponente mansión. Un grito agudo y desesperado restalló en sus oídos, proveniente de una de las habitaciones de los pisos de arriba. La gryffindor se revolvió con más fuerza contra sus captores, pero no le sirvió de nada. Aquel grito solo había sido una muestra y antesala de lo que iba a ocurrirle a ella.

“Por favor…”, suplicó en silencio, pero nadie la atendió.

-El señorito llegará en seguida –fueron las primeras y únicas palabras que aquellos seres le dirigieron antes de dejarla sola en una de las habitaciones principales.

Aún sin voz, lo primero que Hermione hizo una vez sola fue comprobar que, efectivamente, la puerta estaba cerrada extinguiendo así por completo sus últimas esperanzas de escapar. Respiró hondo un par de veces y se secó con la manga de su camisón las lágrimas que caían indiscriminadamente por sus mejillas. La castaña se giró hacia la sala y vio con horror que se trataba de una habitación privada.

Una cama enorme se erguía imponente en el centro con sus cuatro doseles y las sábanas esmeraldas. Junto a la pared del fondo, un elegante diván hacía, solitario, las veces de armario ropero con camisas negras de seda y un par de pantalones tirados encima descuidadamente. Una puerta que debía comunicar a un baño privado estaba cerrada a su derecha y a Hermione ni siquiera se le pasó por la cabeza la idea de ir a inspeccionarla, sabiendo lo inútil que sería.

En aquella habitación carente de personalidad y desprovista de recuerdos, Hermione solo encontró una vieja banda de Slytherin anudada a uno de los cuatro postes de la cama y una vieja Nimbus 2001 llena de polvo olvidada en un rincón.

La puerta volvió a abrirse, con un ruido tenue que llenó a la gryffindor de horror. Allí, bajo el marco de la puerta, Draco Malfoy se remangaba despreocupadamente las mangas de su camisa blanca impoluta mientras un amplio mechón de su pelo platino le cubría el rostro. En ese mismo instante, Hermione olió el inconfundible hedor salado de la sangre y al fijarse más detenidamente en los puños y la pechera de su camisa, vio con horror las diminutas gotas rojizas profanando la inmaculada prenda, anunciando así la crueldad en los métodos de su dueño. El rubio se dirigió lentamente hacia el baño sin siquiera lanzarle una mirada de soslayo a la castaña. Cuando Hermione escuchó correr el agua de la ducha, decidió que ya había tenido demasiado. Semanas de cautiverio, de torturas con una crueldad insostenible, de soledad insoportable habían dado a luz un único pensamiento en aquella cabecita alborotada y llena de hechizos y datos inútiles de la maldita Historia de Hogwarts: Haría lo que fuera para que todo acabara.

Antes de que Draco saliera de la ducha, Hermione rebuscó frenéticamente por los cajones de su cómoda algo con lo que alcanzar su ansiado objetivo.

“Una varita, algo puntiagudo… ¡Lo que sea!”

-¿Buscas esto? –la sangre de Hermione se heló al oír la dureza que destilaba aquella voz masculina a su espalda.

La joven se giró lentamente hacia él. Frente a Hermione, erguido en toda su magnificencia, Draco Malfoy ataviado únicamente con una toalla a la cintura sostenía entre sus dedos su mortífera varita.

-¿De verdad me creías tan estúpido? –ella retrocedió. -¡Respóndeme!

La gryffindor abrió la boca para contestar, pero ningún sonido salió de ella.

-¡Parla atio! –siseó el rubio apuntándole con la varita y haciendo que un rayo de luz blanca impactara contra la muchacha.

Hermione volvió a abrir la boca. Aún sin saber qué decir.

-Mátame de una vez, por favor –suplicó.

Él la miró divertido.

-¿Matarte? No, Granger. Aún no.

Draco se dirigió hacia el diván, pasando por el lado de la muchacha y aún sin detenerse a dirigirle una sola mirada significativa. Del enorme montón de ropa, sacó unos pantalones largos de pijama y se los puso sin pudor alguno. Hermione no se movió ni un solo ápice, paralizada de miedo por aquel nuevo Draco que sólo había llegado a conocer de oídas. Cerró los ojos un momento y por un mísero segundo sintió aquellas manos firmes y frías volviendo a recorrer su cuerpo.

-No has cambiado demasiado en este último año y medio sin vernos, sangresucia.

Aún sin decir nada, la castaña gritó de dolor cuando el puño de su captor se cerró en torno a su pelo y tiró con fuerza de él hacia atrás. Cayendo de rodillas a sus pies, Hermione solo fue capaz de mirar directamente a aquellos ojos grises adivinando en ellos, para su inmensa sorpresa, una rabia y un dolor propios de una herida profunda sin curar. Apartó la mirada, incapaz de sostenerla ni un instante más. Volvió a gritar cuando el tirón de pelo se intensificó.

-¡Mírame! –gritó Draco y la muchacha obedeció. –Debería matarte en este mismo instante…

-¡Hazlo! –las manos de Hermione abandonaron rápidamente la garra del brazo que tiraba de su cabello y se dirigieron a la que sostenía la varita, atrayéndola hacia su cuello. –Hazlo, Draco. Acaba con ello.

Él la miró durante un momento sopesando la fuerza de todas aquellas emociones enfrentadas en su interior. Odio, rabia, rencor, furia, desolación… anhelo. La soltó con fuerza y ella quedó tumbada sobre el suelo.

-Señor Malfoy para ti, sangresucia. No lo olvides.

Hermione se irguió un poco, aún tirada en el suelo, justo para ver cómo el rubio conjuraba un vaso de whisky de fuego y se sentaba en un mullido sillón. Tras beber un buen sorbo de su vaso, Draco se pasó distraídamente la mano por su cabello para apartarse unos cuantos mechones aún húmedos del rostro. Sin decir una palabra, volvió a mirar el bulto sobre el suelo que era Hermione y ella fue incapaz de sostenerle la mirada.

Otra vez esa rabia ardiente que casi le consume cuando la vio llegar hacía veintiún días a la mansión, volvía a extenderse por cada fibra de su ser. Sería tan fácil acabar con ella en aquel preciso instante… una simple maldición y se acabó. No más Hermione Granger a la que repudiar, ni detestar, ni codiciar. Acabaría así con una debilidad propia que le asqueaba tanto o más como la niña sucia y asustada que tenía a sus pies. Recibiendo así, de paso, las felicitaciones del Señor Oscuro.

Entonces… ¿qué le impedía hacerlo?

Venganza…

Sí. Fría y merecida venganza por lo que ella había comenzado tres años atrás. Esa estúpida bastarda aprendería de la peor de las maneras que no se debía jugar con un Malfoy.

-¿De verdad deseas tanto morir, Granger? –ella simplemente asintió. –La verdad es que no me extraña. Sin familia, ni amigos, ni nadie en este maldito mundo dispuesto a dar nada por ti –ella se estremeció por la veracidad de aquellas palabras. -Apostaste por el equipo equivocado, aunque dudo que alguna vez te hubiéramos aceptado. El Señor Tenebroso tiene normas muy estrictas con respecto a los hijos de muggles.

El rubio volvió a beber de su vaso.

-¿No dices nada? ¿La eterna sabelotodo por fin se ha quedado sin palabras? –una sonrisa macabra se dibujó rápidamente en su rostro. Draco abandonó su asiento y se dirigió hacia el cuerpo de la gryffindor. Hermione retrocedió de espaladas hasta que la cama le impidió hacerlo más. Cuando Draco llegó a su nivel, se agachó hasta que el rostro de ambos quedó al mismo nivel. –Esta noche tendrás que contestarme a muchas cosas, así que lo mejor es que empieces a hablar por esa boquita. ¿Lo entiendes? ¡Te he preguntado si lo entiendes!

Hermione asintió.

-¿Cómo dices? –siseó él amenazante.

-Sí… sí –susurró ella sin poder apartar sus aterrados ojos castaños de aquellas pupilas aceradas.

-Bien, así me gusta.

Draco se levantó sin aviso y dio varias palmadas en la cabeza de la castaña, como lo haría con un perro a punto de encontrarse con un bonito rollo de periódico estampado contra su morro.

-Ha llovido demasiado desde que no nos vemos, Granger. He matado, robado y torturado para congraciarme con el Señor Oscuro. No me costó tanto como creía y hoy, incluso disfruto con ello. Ser la mano derecha de el-que-no-debe-ser-nombrado, no es un puesto demasiado fácil de alcanzar –se calló para darle más énfasis a sus palabras. -Aunque supongo que tú ya sabes todo eso, así que iré al grano. Si aún sigues viva es por orden mía. La tía Bellatrix sugirió quemarte en una pira en algún lugar a la vista de todos, pero pude convencerla de que eso únicamente te convertiría en una mártir para los pocos opositores que aún nos quedan escondidos. Un estúpido ejemplo a seguir. No te hagas falsas ilusiones, tu presencia aquí aún tiene un propósito.

El rubio se giró hacia Hermione con un brillo peligroso en los ojos.

-Vas a contármelo todo –continuó. –Absolutamente todo.

-¿Y si no lo hago? –se atrevió ella a replicar.

-Bellatrix será la mínima de tus preocupaciones. –Draco volvió a dirigirse a la muchacha, alzándola esta vez por el cuello. Hermione gimió de dolor. –No te equivoques Granger, ya no soy la estúpida marioneta que hiciste bailar a tu son. –Se acercó a la muchacha hasta que sus labios rozaron su oído. Ella se tensó. –Te odio con toda mi alma, asquerosa sangresucia, y de lo que me cuentes aquí dependerá de si gozarás de una muerte lenta y dolorosa o una muchísimo peor. Tú decides.

Tras estas palabras la empujó y Hermione cayó sobre la cama. Con el impacto, el camisón de la muchacha se le subió hasta la cintura dejando al aire unas piernas magulladas y flacas. El rubio se las quedó mirando fijamente y lo único que pudo hacer fue rememorar la calidez de éstas enredadas entre las suyas propias.

-¿Y bien? –espetó impaciente sin apartar la mirada.

La castaña tardó un par de minutos en contestar, pero armándose de un valor inesperado, o quizás fue la locura del reo condenado a muerte la que habló, contestó mirándole directamente a los ojos:

-Está bien, pero no creo que te guste lo que vas a oír.
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bigi

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MensajeTema: Re: Lágrimas de Serpiente [DMxHG][Post-Hogwarts][Angst-Romance]   Sáb Ene 17, 2009 11:52 pm

Laughing Laughing Laughing ME ENCANTÓ ESTE CAPPPPPPPPPPPPPPPPPPPPPPPP

PERO YA LO LEÍ EN OTRO LADO

TIENES QUE SEGUIRLO


MASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

BESITOS BIGI
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MensajeTema: Re: Lágrimas de Serpiente [DMxHG][Post-Hogwarts][Angst-Romance]   

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